lunes, 14 de mayo de 2018

Capítulo 3: El jardín eterno


El día próximo a la masacre se celebró el funeral. Gran parte de la ciudad se juntó en la iglesia, no para presentar respeto a mi familia o rezar por ellos, mas bien para tener chismes que contar y por el morbo de ver quien iba a llorar por mi familia, aquella familia que odiaban tanto todos. Seguro que también tenían curiosidad por saber que pasaría conmigo ya que toda mi familia había muerto, de hecho la noche anterior la había pasado en el hospital y unos guardias me acompañaron hasta la iglesia para el funeral.

La ceremonia fue algo bastante común, aunque yo no me acuerdo demasiado de ese momento, entre las lagrimas y el shock de todo lo que ocurrió, mi mente no estaba muy por la labor de recordar la ceremonia.

Tras la ceremonia pública llegó el entierro. Esta ceremonia fue privada por lo que solo pudieron asistir los familiares, es decir, estaba yo sola (y los guardias que estaban cuidándome), aparte de los encargados de dar tierra a mi familia. Nadie más tenía acceso al entierro, pues este se celebró en la necrópolis privada de los Evergarden. Llamado “El jardín eterno”, ya que las semillas que se plantaban en aquel jardín se convertían en flores de la eternidad, una forma poética de decir que quien fuera enterrado ahí no volvería jamás.

Al terminar el entierro una figura apareció por la entrada del jardín. Era un hombre de aspecto dejado y descuidado. Pensé que sería algún encargado de la funeraria ya que nadie más tenía permitido la entrada al jardín. Este señor se acercó a donde nos encontrábamos y le habló al guardia que me cuidaba:

- Soy Hellgan Evergarden. La niña vendrá conmigo a partir de hoy.- Afirmó el señor.
Aquel señor se identificó como mi tío, aunque yo nunca había visto a ese hombre ni tampoco había escuchado de ningún tío llamado Hellgan. Si bien a mi no se me hacia conocido aquel hombre, el guardia que me acompañaba parecía reconocer que aquel era mi tío.

- Mira, este es tu tío Hellgan. Desde hoy cuidará de ti.- Me comentó el guardia.

En aquella situación no es que tuviera muchas opciones sobre mi futuro por lo que acepté el hecho de que me iría a vivir con aquel señor que decía ser mi tío, a fin de cuentas si era mi tío no tenía que preocuparme de nada, era mi familia, me cuidaría. Es lo que pensé en mi ignorante inocencia.

Miré a mi tío, -Vamos.- Dijo él. La verdad es que no fue un primer contacto muy cálido, era como si fuese un breve adelanto de todo lo que me acontecería de ahí en adelante.