El día próximo a
la masacre se celebró el funeral. Gran parte de la ciudad se juntó
en la iglesia, no para presentar respeto a mi familia o rezar por
ellos, mas bien para tener chismes que contar y por el morbo de ver
quien iba a llorar por mi familia, aquella familia que odiaban tanto
todos. Seguro que también tenían curiosidad por saber que pasaría
conmigo ya que toda mi familia había muerto, de hecho la noche
anterior la había pasado en el hospital y unos guardias me
acompañaron hasta la iglesia para el funeral.
La ceremonia fue
algo bastante común, aunque yo no me acuerdo demasiado de ese
momento, entre las lagrimas y el shock de todo lo que ocurrió, mi
mente no estaba muy por la labor de recordar la ceremonia.
Tras la ceremonia
pública llegó el entierro. Esta ceremonia fue privada por lo que
solo pudieron asistir los familiares, es decir, estaba yo sola (y los
guardias que estaban cuidándome), aparte de los encargados de dar
tierra a mi familia. Nadie más tenía acceso al entierro, pues este
se celebró en la necrópolis privada de los Evergarden. Llamado “El
jardín eterno”, ya que las semillas que se plantaban en aquel
jardín se convertían en flores de la eternidad, una forma poética
de decir que quien fuera enterrado ahí no volvería jamás.
Al terminar el
entierro una figura apareció por la entrada del jardín. Era un
hombre de aspecto dejado y descuidado. Pensé que sería algún
encargado de la funeraria ya que nadie más tenía permitido la
entrada al jardín. Este señor se acercó a donde nos encontrábamos
y le habló al guardia que me cuidaba:
- Soy Hellgan
Evergarden. La niña vendrá conmigo a partir de hoy.- Afirmó el
señor.
Aquel señor se
identificó como mi tío, aunque yo nunca había visto a ese hombre
ni tampoco había escuchado de ningún tío llamado Hellgan. Si bien
a mi no se me hacia conocido aquel hombre, el guardia que me
acompañaba parecía reconocer que aquel era mi tío.
- Mira, este es tu
tío Hellgan. Desde hoy cuidará de ti.- Me comentó el guardia.
En aquella
situación no es que tuviera muchas opciones sobre mi futuro por lo
que acepté el hecho de que me iría a vivir con aquel señor que
decía ser mi tío, a fin de cuentas si era mi tío no tenía que
preocuparme de nada, era mi familia, me cuidaría. Es lo que pensé
en mi ignorante inocencia.
Miré a mi tío,
-Vamos.- Dijo él. La verdad es que no fue un primer contacto muy
cálido, era como si fuese un breve adelanto de todo lo que me
acontecería de ahí en adelante.
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