jueves, 8 de febrero de 2018

Capitulo 1: Rosas rojas floreciendo en primavera

Todavía hoy tengo pesadillas, no por algo específico sino por todo, por nada… sueño con rosas rojas floreciendo y anhelo el olor de la primavera, aunque ya ni siquiera recuerdo como era. Pero si hay algo de lo que no me olvidaré jamás es de aquella noche, cuando terminó y a la vez comenzó mi vida.
Yo era una niña normal, bueno, todo lo normal que podía ser la heredera más joven de la familia Evergarden. Nuestro nombre era conocido en todo Phaion, ya que los Evergarden eramos la familia más rica de la zona y siempre hemos tenido relación directa con el don, sobre todo con el ilusionismo. Según lo que se cuenta, mi bisabuelo era tan poderoso que era capaz de crear nuevos mundos con su ilusionismo. Por lo que respecta a mis padres, mi madre era una mujer dulce y cariñosa. Recuerdo levemente aquel viaje que hicimos al norte de Phaion para ver florecer las rosas en primavera. Mi padre por su parte era un hombre sabio y honesto, de pequeña siempre me decía “Evelynn, algún día serás una gran ilusionista, como tu bisabuelo”. Realmente admiraba a ambos y los quería mucho, como ellos a mí.
Quizás penséis que mi vida era idílica, yo también lo pensaba, era feliz con mi familia, pero todo en este mundo puede cambiar y una familia rica y de clase alta en un lugar como Phaion, donde las clases sociales están muy lejos las unas de las otras, suscitaba todo tipo de envidia y odio hacia nosotros. La vida es injusta, tanto para aquellos que están pasando hambre y no tienen donde dormir, como para aquellos que gozan de fortuna y palacios.
Mi fortuna acabó una noche de verano, lo recuerdo porque apenas podía dormir por el calor. Era pasada medianoche y aunque la brisa veraniega me negaba el sueño lo que realmente me estremeció fueron los ruidos que escuché. Parecía que alguien estaba peleando dentro de nuestro palacio, pero tenía tanto miedo que no pude moverme de la cama, de todos modos, mi padre era el hombre más fuerte que conocía, si algún ladrón entro a casa seguro que él le vencería. Al contrario de lo que pensaba los ruidos cada vez eran más intensos, incluso escuché los gritos de mi madre, entonces sí que realmente me asusté. Agarré las sábanas tan fuerte como podía, me acurruqué debajo de ellas y lloré como nunca había llorado.
Sabía que algo muy malo estaba pasando, pero no podía hacer nada, el miedo me impedía moverme. Tras un momento los ruidos cesaron y por un instante hubo un silencio tétrico, hasta que el ruido de un golpe fuerte rompió aquel momento. Era el ruido de la puerta de mi habitación, alguien estaba golpeando mi puerta, tras pocos segundos otro golpe sonó en mi puerta, poco después llegó el tercer golpe. En mi vida había estado tan asustada, mis ojos lloraban, aunque el miedo me impedía emitir llanto alguno, no sabía que esperar, no sabía lo que estaba pasando. Un cuarto y aún más fuerte golpe consiguió abrir mi puerta, solo podía mirar a lo que me iba a acontecer, me temblaba todo el cuerpo y mi respiración se aceleraba. Desesperada miré a la puerta y una silueta familiar me reconfortó.
Era mi padre, por un momento pensé que todo estaba bien, mi padre estaba allí. En un segundo vistazo aquella ilusión utópica se desvaneció. Efectivamente era mi padre, pero nada estaba bien, mi padre estaba cubierto de sangre, jadeaba como si apenas pudiese respirar y estar de pie suponía un esfuerzo sobrehumano para él en aquel momento. Nunca podré borrar esa imagen de mi mente, ni tampoco los charcos de sangre que mi padre dejaba a su paso. En un último esfuerzo mi padre vino al pie de mi cama donde se desplomo y con su último aliento me dijo “Evelynn… hija mía… debes vivir… vive… vive Evelynn… te… quiero”.
Aquellas fueron las últimas palabras de mi padre. En ese momento salí de mi habitación aterrorizada, notaba la fría sangre en mis pies desnudos mientras caminaba. Cuando salí, el panorama no mejoró, suelos y paredes estaban teñidos de rojo, mientras caminaba por el pasillo, encontraba cadáveres de las sirvientas, ama de llaves, incluso mis tíos y tías se hallaban en el suelo, aunque vagamente podía reconocerlos, los cadáveres estaban totalmente desfigurados, aquello era una auténtica masacre. Cuando llegué a la habitación de mis padres me encontré a mi madre en la cama, muerta, bañada en un rojo intenso, como si estuviera tumbada en una cama de rosas rojas, como las que vimos florecer en aquel viaje al norte de Phaion.
Lo próximo que recuerdo es que llegaron guardias y médicos. Por lo que me dijeron, me encontraron en la habitación de mis padres, junto a mi madre, empapada de sangre, acurrucada, llorando y con síntomas de hipotermia aun siendo una noche calurosa de verano. Una escena traumática para cualquier persona y más para una niña de 12 años.

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